En breve: Cómo se relacionan el estrés y el sistema del equilibrio, por qué el mareo puede persistir con estudios normales y por qué debe valorarlo un profesional.
El equilibrio no depende de un solo sentido. El cerebro lo construye combinando tres fuentes: el sistema vestibular del oído interno, la visión y la propiocepción, que es la información que llega desde músculos y articulaciones. Cuando esa integración se altera, puede aparecer mareo o sensación de inestabilidad, y no siempre se ve en los estudios estructurales. El mareo es real, y que sea difícil de explicar no lo hace imaginario. Por eso lo primero es que lo valore un profesional de salud.
Cómo funciona el sistema del equilibrio
Dentro del oído interno, los canales semicirculares detectan los giros de la cabeza y los órganos otolíticos detectan la aceleración lineal y la gravedad. Esa información llega a los núcleos vestibulares del tronco encefálico y al cerebelo, que la comparan con lo que ven los ojos y con lo que informa el cuerpo. El cerebro asigna un "peso" a cada fuente según cuál sea más fiable en cada momento. En un entorno visual complejo, un supermercado, una autopista, una pantalla grande con mucho movimiento, ese cálculo se vuelve más exigente y algunas personas se apoyan demasiado en la visión, lo que se llama dependencia visual.
Por qué el estrés se mete en esto
Los núcleos vestibulares están conectados con circuitos que regulan la activación y la emoción: el núcleo parabraquial, la amígdala y el locus coeruleus, entre otros. Esa cercanía anatómica ayuda a entender por qué el mareo y la ansiedad suelen ir juntos: el estrés sostenido puede aumentar la sensibilidad a las señales de inestabilidad, y la sensación de inestabilidad, a su vez, activa más al sistema de estrés. Se forma un círculo que se retroalimenta.
Muchas veces el mareo empieza después de un episodio agudo real: una infección del oído, un vértigo posicional, una migraña o incluso un susto intenso. Si el mareo se prolonga, aparece sin una causa clara o vuelve una y otra vez, lo indicado es consultar a un profesional de salud (medicina, neurología u otorrinolaringología), que es quien puede valorar qué lo está causando. Ponerle nombre a lo que sientes le corresponde a ese profesional, no a un artículo.
Lo que muchas personas describen
Estas son experiencias que muchas personas relatan cuando el mareo y el estrés se juntan. Reconocerte en ellas no es un diagnóstico; sirve para describirle con más claridad lo que sientes al profesional que te valore:
- Sensación de flotar o de piso inestable, más que un giro franco.
- Empeora de pie o caminando, y en espacios con mucho estímulo visual.
- Mejora al estar tumbada o tumbado o al distraerte con algo absorbente.
- Ansiedad anticipatoria antes de salir a ciertos lugares.
- Estar muy pendiente del propio equilibrio: chequeas todo el rato si estás firme.
Por qué evitar puede sostener el círculo
Cuando el mareo asusta, es natural evitar los lugares donde aparece y moverse con mucha rigidez para "no perder el control". Es una reacción comprensible, y también una de las formas en que el estrés y la sensación de inestabilidad pueden retroalimentarse. Qué hacer frente al mareo depende de su causa, y eso lo orienta un profesional de salud, no un artículo.
Primero, la valoración médica
El mareo debe valorarlo primero un profesional de salud, y más aún si es nuevo, intenso o viene acompañado de otros síntomas neurológicos. Eso va primero, y las decisiones sobre su causa y sobre qué hacer con él le corresponden al equipo médico. El Protocolo Mente Sana enseña herramientas de regulación del estrés y del sistema nervioso, y no reemplaza la atención médica.
Entender cómo se influyen el estrés y el equilibrio es un primer paso para relacionarte con tu cuerpo con más seguridad.
Mente Sana by DR no es psicoterapia ni atención clínica y no reemplaza al médico.